Los neumáticos desbalanceados pueden provocar vibraciones del vehículo a ciertas velocidades, lo cual a su vez se traducirá en un desgaste prematuro e irregular del dibujo de los neumáticos, así como en un desgaste innecesario de la suspensión del vehículo. Los neumáticos se deben balancear cuando se montan por primera vez en la llanta o al colocarlos tras una reparación. En el momento en que se observe la más mínima vibración, será necesario comprobar el balanceo de los neumáticos.

La mejor manera de explicar qué es el Balanceo de los neumáticos es empezar explicando en qué consiste lo contrario. Cuando un neumático se colocar en la llanta, se trata de dos piezas ligeramente imperfectas que se unen para formar un conjunto. Las posibilidades de que este conjunto tenga una distribución de peso precisa y perfecta respecto a los centros lateral y radial son virtualmente imposibles. Normalmente, una rueda puede presentar dos tipos de desbalances: estático y dinámico.

Balanceo estático: se produce cuando hay un plomo, más o menos pesado o ligero, en el neumático. En este caso, el neumático no rueda de manera uniforme y, en consecuencia, el conjunto llanta+neumático sufre un movimiento vertical.

Balanceo dinámico: ocurre cuando hay un peso desigual en uno o ambos lados del centro lateral del conjunto llanta+neumático. Este tipo de desequilibrio puede producir un balanceo lateral o un tambaleo de la rueda.

La mayoría de las ruedas sufren ambos tipos de desequilibrio, y requieren de un equilibrado para crear una distribución uniforme de pesos. Para equilibrar la rueda, se coloca el neumático en la balanceadora y se va girando hasta localizar las partes más pesadas del conjunto llanta+neumático. De esta manera, el sistema de balanceo le dice al técnico en qué punto de la llanta debe colocar los contrapesos para contrarrestar el desequilibrio detectado.